J14, tocado y hundido

J14, tocado y hundido

Tenía pensado escribir unas líneas parecidas a estas que plasmo ahora tras la decepción de la Copa contra el Cádiz, pero decidí esperar para ver si mi equipo hoy me daba una pequeña alegría en forma de victoria, pero nada más lejos de la realidad.

Como a muchos os pasará, yo he mamado el Betis gracias a un familiar que me ha inculcado este sentimiento. Me separa de mi equipo unos cientos de kilómetros que me hacen estar más lejos de lo que yo quisiera, pero lo siento como si fuera parte de mí. Por suerte todos los años tengo la oportunidad de ir al Villamarín a presenciar algún partido. He vivido de todo en el campo, desde el 1-0 con el Chelsea en Champions, o un 0-5 contra Osasuna. Mi última visita fue el pasado jueves en Copa contra el Cádiz, con la ilusión de poder disfrutar de la clasificación de mi equipo, pero tocó la decepción a la cual estoy tan acostumbrado en los últimos años.

Lo pasé muy mal en el estadio. Rabia, impotencia, indignación…Cuando el Cádiz metió el quinto no pude contener las lágrimas. Se acabó el partido y bajas las escaleras preguntando qué ha pasado, que por qué todo le pasa al Betis y por qué las cosas siempre tienen que salir tan mal. Cuando me disponía a coger el autobús para volverme a casa, vi un matrimonio octogenario, los dos con sus bufandas béticas y con las caras que eran un poema. Eran cerca de las 11 de la noche y hacía mucho frio esa noche en Sevilla. Cuando los ví, pensé lo grande que puede ser el fútbol. No importa la edad, la fuerza o la condición. Ese matrimonio fue al estadio con la ilusión de ver al equipo de sus amores ganar, o al menos, disfrutar con la entrega de los suyos. No fue así. Y me dio mucha pena. Porque como esa pareja de abuelitos, hay cientos de personas que se recorren kilómetros cada vez que juega su equipo, cambian turnos de trabajo para poder verlo, dejan por un momento estudios y planes para estar junto al equipo. Y nunca hay recompensa. Nunca.

Intentas resetear la mente, sacar los ánimos de donde no te quedan y esperas al domingo para, esta vez, verlo frente a la tele. Te conciencias, te autoconvences de que hoy se gana, de que ya toca salir del bache. Te vienes arriba, los nervios afloran y las ganas de que eche el balón a rodar aumentan. Pero te das cuenta de que no, que no es así. Te vas dando cuenta que los jugadores van andando, que no luchan, que no tienen coraje ni ambición, que no les duele lo que para ti es sagrado, las treces barras. Y te vacila un equipo que no ganaba desde el 17 de Septiembre. Pasan los minutos, y tu indignación e impotencia crece, de la misma forma que te invade la pena de otro fin de semana en el que el Betis, que es parte de ti, te vuelve a dar la espalda.

No es sólo fútbol, es parte de la vida. Motivo de alegría y de ilusión. Te hace vibrar, sentir. Es pasión, amistad. Es vida. Y como es vida, el Real Betis se la está quitando a su afición. Directivos, entrenadores, jugadores…todos tienen responsabilidad en esta desazón que se ha convertido el equipo. Hay gente asfixiada por la crisis que ahorran para sacarse su carnet. ¿Se merecen encontrarse un equipo moribundo y sin alma? ¿Se merece sentir la vergüenza que pasa cada jornada? Ser jugador del Real Betis Balompié conlleva una responsabilidad que hay que estar dispuesto a asumir. Y el que no vea su grandeza, que coja la puerta.

Por favor, arreglad esto. Creo que no nos merecemos esto. A nosotros, sí nos duele el Betis. Luchad por él. Nosotros desde la grada lo hacemos, pero a ustedes os toca en el campo. Luchad por favor, porque lo estáis matando.